Seguidores

martes, 20 de junio de 2023

UNA HISTORIA SOBRE DISLEXIA

 

Mi historia comienza el verano de 1950, cuando el joven Patrick Riller conoce a Priscila Clarson.

Patrick un joven brillante que había pasado una vida difícil al perder a sus padres en la niñez, se tuvo que mudar con sus abuelos hasta los 16 años cuando ya por la vejes ambos murieron ese mismo año. Patrick desde los 14 años trabajo en diferentes trabajos para subsistir, consiguió una beca en la Universidad de Oxford para estudiar Artes Escénicas que era lo que realmente le apasionaba, tenía un talento innegable.

Priscila una señorita de la alta sociedad, sus padres pertenecían a la élite de las familias más adineradas de la ciudad, los Clarson eran lo más cercano a la realeza. A Priscila nunca le hizo falta nada en cuanto a privilegios y comodidades, sus notas no eran muy buenas porque era una aventurera reprimida por la sobreprotección y vigilancia de sus padres que, aunque se mantenían ausentes por sus negocios, viajes y responsabilidades, sus guardias personales la mantenían bien vigilada.

Priscila quería ser veterinaria, mudarse a los suburbios de la ciudad, vivir en una casa sencilla, rodeada de naturaleza y atender a todos los animalitos que llegaran a su clínica, no obstante; su padre se las arregló para obligarla a estudiar Derecho en la Universidad de Oxford, su ingreso no fue ningún problema porque su padre movió sus influencias para que su única hija siguiera sus pasos.

En ese verano de 1950, mientras Patrick practicaba para una obra de teatro; Priscila se las había arreglado para escaparse de los guardias de su padre, tal como solía hacerlo para ir a alguna fiesta, antes de llegar a la fiesta mientras cruzaba una de las calles más concurridas por el tráfico un automóvil se dirigió directamente a Priscila, para fortuna de ella; Patrick corrió muy rápido, cargó a Priscila y la coloco a salvo en la acera.

Desde ese momento se enamoraron y nunca más se separaron el uno del otro, desde luego que el camino no fue nada sencillo, los flamantes padres de Priscila se opusieron desde el principio a la relación con Patrick, lo consideraban de baja categoría y muy poca cosa para su hija.

Para los Clarson, el indicado para Priscila era el joven Kevin Borum, perteneciente a otra de las familias poderosas de la ciudad, lo que no sabían los Clarson es que los Borum estaban en completa quiebra, debido a las malas decisiones en los negocios de Abelardo Borum, padre de Kevin, que al igual que su padre estaba involucrado en negocios de dudosa procedencia, entonces ambos para salir de la quiebra tenían el plan de desfalcar a los Clarson, el primer paso era el compromiso de Kevin con Priscila.

Patrick al enterarse de los planes de los Borum en contra de los Clarson, reunió todas las pruebas necesarias para dejarlos al descubierto y frustar sus planes, fue así como Patrick se gano la buena de voluntad de los padres de Priscila quienes aceptaron su relación, se terminaron casando y se fueron a vivir a esa casita en los suburbios, en diciembre de 1952, siete meses después de forma prematura nacía yo.

En el hospital de la localidad se daba el alumbramiento, la labor de parto comenzó en las últimas horas del 9 de julio y se extendió hasta las primeras horas del 10 de julio de 1953, es un varón dijo el médico de turno, sus padres lo llamaron Andy Riller Clarson.

En los primeros dos meses de nacido no tuve la oportunidad de irme a casa de mis padres, debido a lo prematuro de mi nacimiento, me tuvieron que entubar y conectar a unas máquinas que cumplían la función de mis órganos vitales.

Tuve una bonita infancia pese a que mis padres se la pasaban en los hospitales a causa de mis enfermedades, hasta que pasados los 4 años me volví un niño fuerte e independiente, mi salud mejoro significativamente, mis padres se amaban mucho, pero tenían algunos problemas, por eso yo trataba siempre de no ser un obstáculo para ellos ni causarles alguna tristeza.

Finalmente se llegó el momento de asistir a la escuela, cumpliría 5 años el 10 de julio de 1958, ese mismo año; me inscribieron en el Kínder Garden de la escuela local, me sentía muy feliz ese primer día, mis padres me habían contado que ambos habían disfrutado mucho la escuela, mi padre encontró su pasión por el arte y mi madre lo más cercano a una familia, al estar sus padres siempre ausentes.

Estaba en ese maravilloso lugar que me habían descrito, tenía expectativas muy altas al respecto, sobre los amigos que haría y lo que me enseñarían mis profesores.

Mi maestra era muy joven y alegre, tenía 22 años, durante los próximos dos años me la pase bien con ella y mis compañeros de aula, nos enseño muchas canciones divertidas, a bailar, pintar, tenía mucha energía y me encantaba jugar, que mundo tan maravilloso, espero que siempre sea así de bonito.

Sigo en la misma escuela, pero ya en un lugar muchísimo más grande, es mi primer grado de primaria, parece que ahora tendré mucho más espacio para divertirme con mis compañeros del aula, creo que esta experiencia será mejor que la que acabo de pasar, mis padres me han motivado diciendo que aprenderé a leer, escribir, sumar, restar y otras cosas que me serán de ayuda para la vida, estoy ansioso de vivir mis mejores momentos en la primaria.

Las cosas aquí son diferentes vamos a mitad del año, mis compañeros ya saben leer y escribir, algunos lo hacen a la perfección, a otros les cuesta un poco, soy el único que no ha aprendido a leer y escribir, la escuela ya no es divertida como antes, ahora sólo jugamos a la hora del recreo, las notas de la unidad las entregaran justamente un día antes de mi cumpleaños.

La maestra cito a mis padres después de la reunión donde les entregaron la tarjeta de calificaciones. Señor y señora Riller, lamento decirles que Andy tiene el promedio más bajo de la clase, tal vez entro demasiado pronto a la escuela primaria, no le veo ningún progreso, es cierto que a algunos niños les ha costado, pero en el caso de Andy me preocupa, lo más probable es que no apruebe el año y tenga que repetir primero primaria.

Mi padre que siempre fue un alumno destacado al obtener las mejores notas y de esa manera llegó a obtener becas con las que financio sus estudios, se indignó por la noticia. Puedes creerlo le dijo a mi madre al salir de la reunión, de ninguna manera un hijo mío va a perder la primaria, tendré que reprenderlo y darle un castigo a la medida para agarre la escuela en serio.

Y dicho y hecho por la palabra de Patrick Riller, mi fiesta de cumpleaños fue cancelada, mi padre convenció a mi madre que era lo mejor, se tomó la tarea de llamar a cada uno de los invitados para decirles que ya no habría ninguna celebración porque su hijo iba mal en la escuela, me sentí muy triste y devastado ese día, lo único que me brindo consuelo fue mi madre que a escondidas de mi padre había comprado un pequeño pastel que me llevo a mi habitación y que nos comimos juntos sin que mi papá se diera cuenta.

Al día siguiente ya todos mis compañeros del aula sabían que yo era el único que no sabía leer y escribir, las llamadas de mi padre cancelando mi fiesta de cumpleaños, llamaron la curiosidad de las chismosas del pueblo que se encargaron de comunicar la razón del por qué Andy Riller Clarson no había celebrado su cumpleaños.

Las palabras de mi maestra cuando cito a mis padres se convirtieron en una profecía, que no tardó en cumplirse; llegó el fin del año escolar, me esforcé durante los siguientes meses, pero no fue suficiente para aprender a leer y escribir, todos mis compañeros aprobaron el año, fui el único que reprobó.

Lo que mis padres me habían descrito como el paraíso se convirtió para mí en mi infierno personal, los siguientes años, con mucha dificultad, a pesar de que me esforzaba diez veces más que el resto de mis compañeros mis resultados eran poco aceptables, desde entonces no cesaron las burlas de mis compañeros y hasta de mis maestros, me había convertido en el tonto de la escuela por mayoría de opiniones.

Mis padres me apoyaban, cuando ya estaba en cuarto primaria de nuevo reprobé el año, pensé que de nuevo recibiría un castigo severo por parte de mis padres, no olvidó ese día, mi padre le dijo a mi mamá, Priscila debemos hablar con Andy, no hay duda de que me molesta está situación, por eso dejaré que tu hables primero y luego yo te apoyaré.

Mi madre fue tan dulce, me contó como ella nunca fue una buena estudiante, que de no ser por los abuelos que moviendo sus influencias hacían que aprobara le hubiera tocada reprobar el año en más de una ocasión, mi padre dijo que había sido muy duro conmigo y lamentaba su reacción cuando perdí primero de primaria, lo lamento súper Andy, no te he apoyado como se debe, como sabes para pagar las cuentas he tenido que renunciar incluso a mi sueños y creo que eso me ha convertido en alguien amargado, pero nunca dudes que yo creo en ti y tu capacidad, tu talento es diferente al mío y al de tu madre.

Ese es uno de los recuerdos más hermosos que tengo de mis padres, no sabía que ese sería el último que tendría, ya que las cosas se complicaron en casa los siguientes años, no entendía todo pero mis padres peleaban constantemente.

Lo que sucedía es que Priscila Clarson en sus años de juventud, mientras sus padres se encontraban de viaje o en reuniones de negocios, algo de siempre, todas las veces que evadía a sus guardias personales se encontraba con amistades que la indujeron a las drogas y el alcohol, aún en la actualidad seguía luchando con la adicción, de hecho; mientras estaba embazada de Andy en una ocasión se embriago, desde entonces busco grupos de apoyo con ayuda de Patrick y fue venciendo las adicciones.

Finalmente terminé la primaria, el ciclo básico o la secundaria, fue un desafío mayor para mí, terminó el ciclo escolar cuando estaba en primero básico y de nuevo perdí el año, tenía 14 años y eso significaba que si lograba aprobar el siguiente año lo haría hasta los 15, mis padres enfrentaban muchos problemas económicos ya que mi padre dijo que jamás tomaría un centavo de los abuelos, eso trajo una serie de conflictos.

Tomé unos cursos adicionales para lograr recuperar el año, el resultado fue el mismo no lo logré, mis padres me fueron a traer a la escuela, empezó a llover, mis padres discutían en el auto, yo iba atrás, recuerdo que cerré mis ojos y me tapé los oídos para no escuchar como se gritaban, cuando desperté estaba en la sala de emergencias del hospital del pueblo.

Un oficial de la policía local se me acercó y me dijo: Las calles estaban muy lisas, a su automóvil no le habían hecho sus servicios preventivos, los frenos fallaron, eso ocasionó un accidente donde lamentablemente murieron tus padres.

Lo que el oficial no dijo, que la verdadera causa del accidente era que el conductor iba en estado de ebriedad, Patrick conducía ese día, resulta que en su juventud de alguna manera fue inducido a la bebida por Priscila, lo controlaba en cierta medida, en realidad, no era alguien conocido como un bebedor, hasta ese día que se embriago como nunca lo había hecho y eso le costó la vida de su esposa y la suya propia.

Después de recuperarme y con solo 14 años, mis opciones eran familias sustitutas o que mis familiares más cercanos reclamaran mi custodia, los abuelos se convirtieron en mis tutores legales, mientras estaban en duelo permanecieron a mi lado consolándome, o eso parecía, en realidad creo que yo los consolaba a ellos, habían perdido a su única hija.

Pasado el tiempo del duelo, los abuelos regresaron a sus labores habituales, ya eran muy ancianos pero su estilo de crianza no había cambiado, me estaban criando exactamente como lo hicieron con mamá, a los tres meses dicen que por la tristeza murió mi abuelo, meses después le seguiría mi abuela, a los 15 años me había quedado completamente sólo en el mundo.

Mi vida se complicó, debido a mi parecido con mi padre era para mis abuelos un constante recordatorio de aquel hombre que según ellos les arrebato a su hija, por lo que no me dejaron nada, regresé a la antigua casa de mis padres, ya no la sentía como mi casa, así que decidí venderla y mudarme a otra ciudad, tuve que trabajar muy duro, hasta que recordé todas las cosas buenas que mis padres me habían contado de la escuela, entonces pensé que tal vez sólo había tenido mala suerte en mis otras escuela, en esa nueva ciudad no sabían que yo era un tonto, podía empezar de nuevo.

Con 16 años me inscribí en la escuela de nuevo, me iba mal como siempre, mis compañeros a pesar de que eran menores que yo, se burlaban de mí y me hacían sentir mal, mi maestro era diferente al resto de los profesores que había tenido, creo que sólo por el ánimo del profe Mario es que seguía yendo a la escuela, en una ocasión llegó como un mimo y nos dio toda la clase sin decir una solo palabra, se imaginan eso, disfruté mucho esa clase, incluso hasta me inspiro.

Realmente era un profesor innovador, mi vida cambio cuando en una ocasión nos dejo una tarea, de la que dijo que la hiciéramos como a nosotros nos pareciera bien, nos preguntaba como queríamos hacer las cosas, o que queríamos hacer, era un tema libre, recuerdo que todos hicieron sus tareas con información obtenida de la biblioteca, a mi me gusta mucho narrar y pintar, así que le hice unas pinturas y le relate una historia.

El profe Mario me felicito y me dijo que era lo mejor que había visto en años, que tenía mucho talento, desde entonces mis compañeros me respetaron, tenía amigos de nuevo, todos me tratan muy bien, desde entonces mis calificaciones subieron, me volví una estrella como mi padre, terminé la escuela, y hasta llegué a la universidad aprendí un poco de veterinaria y me especialicé en arte dramático.

Pasaron los años, y yo Andy Riller Clarson, actualmente soy director de cine dramático, me fui a estudiar a Nueva York, participe en muchas obras de teatro, fui actor de cine y televisión, la parte de escribir no mucho me agrada, lo hago con bocetos y narrando lo que cuentan mis pinturas, tal como me lo aconsejo el profe Mario, regresé a la ciudad donde lo conocí porque su hijo me escribió que el profe había fallecido, nunca perdí el contacto con él, siempre nos escribíamos o yo le llamaba por teléfono, regresé porque cambio mi vida.

Es el año 2023 y tengo 70 años, que vida tan bonita viví después de todo ¿no creen?, eso hubiera sido genial si realmente hubiera pasado, les contaré lo que paso:

Después del accidente con mis padres, estuve dos años en coma, luchando entre la vida y la muerte, el escenario que les presenté donde encuentro un profesor que me apoyo, mis compañeros me respetan y se vuelven mis amigos es una de las realidades que visité, la realidad de la empatía que tiene su contra parte, la realidad de la indiferencia.

En la realidad de la indiferencia a los profesores les da igual si aprendo o no, mis compañeros se burlan de mí, me tratan mal, como un bicho raro, pienso que con el tiempo las cosas van a cambiar, pero llegó al año 2023 y las cosas siguen igual.

Mi nombre es Andy Riller Clarson y tengo dislexia, no soy tonto, retrasado, no necesito medicarme para curarme, aprendo de forma diferente, tengo talento, soy inteligente, el mundo en el que vivimos se parece más a la realidad de la indiferencia, para que las cosas cambien necesito tu ayuda, no es mucho lo que te pido, si eres maestro escuchame, si eres estudiante no te burles ni trates mal al que no aprende a leer y escribir o hacer otras cosas como tú lo haces.

Hasta aquí el reporte de tu buen amigo, espero despertar y que mi realidad al igual que la de muchos niños y jóvenes con dislexia sea la realidad de la empatía.

 

Autor: Lic. Mario César Ramos

Licenciado en Ciencias de la Administración.

2 comentarios:

  1. Excelente relato Lic. Es importante conocer y dominar los temas y más si son sobre estos problemas que aquejan a los alumnos.
    Excelente publicación.

    ResponderEliminar
  2. Interesante la forma de narrar un cuento donde la persona que sufre dislexia a pesar de que pasa el tiempo sigue sin comprensión, debemos hacer el cambio y buscar en nuestras aulas como ayudar a un alumno y hacer el cambio para ese alumno.

    ResponderEliminar

PRUEBA

 ESTA ES UNA PRUBA PARA EL CURSO