En la
actualidad, los estudios de neuroimagen han llevado a creer que la
dislexia tiene una base neurobiológica, es decir, en los cerebros de los
disléxicos se produce una alteración durante la formación neuronal, en la que
cierto grupo de neuronas y células gliales no migran adecuadamente durante el
desarrollo embrionario, formándose unos cúmulos, llamados ectopias, que
desorganizan las conexiones del interior de la corteza implicadas en los
procesos de lectoescritura.
Estas alteraciones
del neurodesarrollo pueden tener un origen genético, ya que se estima
que la dislexia tiene más de un 60% de carga genética y, además,
recientes investigaciones han identificado varias regiones cromosomáticas que
parecen intervenir en el desarrollo de la dislexia, entre las que destaca la
alteración de un gen ubicado en el cromosoma 15 que podría participar
en la formación de ectopias.
Correlación entre
estas alteraciones genéticas y las dificultades en el procesamiento auditivo de
sonidos, así como, las relaciones con el déficit fonológico y
las teorías del déficit sensitivo motor, (Franck Ramus, 2004).
Podríamos
decir que la dislexia tiene un origen neurobiológico, con una importante
carga hereditaria y que predomina la teoría del déficit fonológico como causa
principal de las dificultades lectoras en disléxicos.
No
existen dos disléxicos iguales.
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