El principal
problema que tiene la dislexia es que no es compatible con nuestro sistema
educativo, pues, dentro de este, todos los aprendizajes se realizan a través
del código escrito, por lo cual el niño disléxico no puede asimilar ciertos
contenidos de materias como conocimiento del medio, porque no es capaz de
llegar a su significado a través de la lectura.
El niño/a
disléxico debe poner tanto esfuerzo en las tareas de lectoescritura que tiende
a fatigarse, a perder la concentración, a distraerse y a rechazar este tipo de
tareas.
Los padres y
profesores procesamos esta conducta como desinterés y presionamos para
conseguir mayor esfuerzo, sin comprender que estos niños, realizando estas
tareas, se sienten como si de repente, cualquiera de nosotros, nos
viéramos inmersos en una clase de escritura china.
la teoría del
déficit fonológico ha adquirido gran relevancia en los últimos años, ya que se
ha observado que una gran mayoría de disléxicos presentan dificultades
específicas en tareas que requieren la representación y/o manipulación de fonemas,
como por ejemplo en las rimas, en la segmentación silábica o en la lectura de
pseudopalabras. (Temple , 2001; Ramus 2002).
La conciencia
fonológica comenzaría a desarrollarse a partir de los 3 años y antes de los 7,
aunque el conocimiento fonológico a nivel de fonemas sólo se adquiere mediante
el aprendizaje de la lectura y la escritura y no de manera espontánea.
Esto defiende la importancia
de intervenir directamente sobre la conciencia fonológica de los
niños/as en riesgo de dislexia durante los años prelectores y en el inicio
del aprendizaje de la lectoescritura.
Los estudios
epidemiológicos indican que la dificultad para leer puede heredarse, por
lo que, en el caso de que uno de los progenitores sea disléxico se multiplican
por ocho las posibilidades de tener un hijo disléxico respecto a la población
general, cuya probabilidad ronda el 5%. Además, se estima que la probabilidad
de recurrencia fraterna es del 40%.
CONCLUSIÓN
El sistema
educativo no toma en cuenta a los que podríamos llamar en cierta forma los
excluidos, que son todos aquellos que no se ajustan al perfil sobre quién se
piensa al hacer el pensum de estudios o el currículo escolar base, esto incluye
a personas con discapacidades o que tienen algún trastorno de aprendizaje como
la dislexia.
El docente,
las familias y las autoridades educativas pueden hacer el cambio para mejorar y
que no se limite el potencial de una persona por tener dislexia, ya que luego se
piensa que no tiene capacidades, lo cuál no es cierto; solo que las expresa de
diferente forma.
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